El chamán tiene en su altar los cuatro elementos, a saber:
piedras preciosas o flores, ellas son la tierra que nos sustenta;
un cuenco con agua, es el agua que nos purifica;
velas, son el fuego que ilumina;
incienso, es el aire que nos comunica con los dioses.
El chamán tiene estos elementos como ofrenda a los dioses,
aunque sabe que los dioses no necesitan ofrendas.
El chamán usa el altar como vehículo para el viaje místico.
El chamán es solo un caminante más de la senda.
Todo aquel que se cruza en su camino
se convierte en su maestro.
El chamán no teme mostrar su ignorancia,
él sabe que la única pregunta estúpida es la que no se hace.
El chamán se reune con otros chamanes para intercambiar saberes
y participa de sus rituales.
El chamán sabe que la fuente esta presente en todo
aunque bajo diferentes nombres.
El chamán a veces no puede dormir,
él también recuerda las heridas del pasado
y teme por el futuro.
Cuando esto ocurre
el chamán espera
a que llegue el sueño
o el día.
El chamán puede curar con sus manos,
aunque sabe que realmente no es él el que cura,
él es tan solo un canal por el cual la fuente manda su energía.
El chamán coloca sus manos sobre el enfermo
y deja que la energía fluya,
así pasa lo que tiene que pasar.
En medio del combate
el chamán es tan fiero como el más valiente de los guerreros.
Pero el chamán es compasivo
cuando el enemigo huye o se rinde.
El chamán no confunde el valor con la venganza.